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Entretenimiento |




 
Villahermosa, Tabasco. Febrero 4, 2010

VILLAHERMOSA ANTIGUA
1930 – 1950
(Legado a la Actualidad)
Antonio Vidal Cruz
Calle Benito Juárez García
(V Parte)

En la esquina formada por la avenida 27 de Febrero y esta calle Juárez se encuentra La Casa de los Azulejos, bautizada así por la gente, porque como se puede apreciar sus paredes están cubiertas de azulejos, que en aquél entonces eran traídos de Europa.
Esta casa fue construida por el señor Juan Graham Mcgregor en el siglo XIX y ocupada como casa habitación en el año de 1896 por el mencionado señor Graham y su esposa, la señora Casiana Casasús Puig, quienes fueron los padres del doctor Juan Graham Casasús.
En la misma esquina con 27 de Febrero estaba la tienda de telas y ropa de don Antonio Nemer. Cuando se incendió la tienda La Mariposa del Oriente de don Pedro Alejandro que se encontraba en la otra esquina, con el fuerte calor los azulejos que cubrían la pared de la parte de 27 de febrero, se fueron levantando y dejando deteriorada esta parte; por tal acontecimiento, don Antonio Nemer del gran susto se enfermó y eso le causó el deceso.
Al normalizarse la situación, el hijo del mismo nombre tomó la alternativa e instaló el mismo giro, pero no le convenció como negocio y decidió rentar otro local más adelante, donde ahora está la puerta de salida de la tienda Del Sol, donde abrió un restaurante al que bautizó como “Los Azulejos” que resultó un buen negocio y después lo amplió con un centro nocturno al que conocían como “La Fuente”.
Al desocupar Toño Nemer la esquina de Juárez y 27 de Febrero llegó ahí don Marcelino González para abrir una tienda donde vendían camisas, corbatas, mancuernillas, pañuelos, ropa interior y todo lo relacionado para el buen vestir del caballero elegante. La tienda era conocida como “Casa Chelino” y era ayudado por su hijo, también Chelino, de amable trato.
En la época a la que hago referencia estuvo en esa casa de los azulejos la peluquería “El Fénix”, en esa ocasión era de postín. Entonces las peluquerías se dedicaban al arreglo de los caballeros y niños, ni de chiste se atrevía una dama a acudir y eso que no había lugar para damas, eso comenzó por los años cincuenta.
Los maestros peluqueros que atendían a la clientela de “El Fénix”, eran Don Charo Castañeda, Don Eleazar Gil y otro conocido como el Maestro Chucho.
Don Charo Castañeda, a finales de la década de los años cuarenta, pensó acondicionar un local por separado, pero junto a la peluquería donde instaló un comercio de brillantinas, lociones, perfumes, talcos, entre otros del ramo, y este negocio al que le puso perfumería “El Fénix”, le resultó próspero, tanto que optó por dedicarse a ello, dejando el oficio de fígaro de manera definitiva.
El local de la esquina formada por las calles de Reforma y Juárez, estaba ocupado por el Banco Nacional de México, sucursal Villahermosa, en ese entonces la moneda tenía notable valor, por ejemplo: los cheques girados por los cuentahabientes eran desde cinco pesos en adelante.
Recuerdo que cierta vez don Panchito de la Cruz, ampliamente conocido en el medio de los negocios como “Pancho Cruz” -era hermano de mi madre-, llegó al mencionado banco y presentó un cheque de cien pesos. Esperó y se dio cuenta que llegaban otros clientes y presentaban cheques de diez, veinte, quince pesos y enseguida pasaban a la caja, y mi tío, sorprendido, preguntó a la encargada de hacer los trámites referidos, por su cheque, a lo que la respuesta fue “Lo están operando”. Siguió la espera y mi tío insistió, recibiendo la misma respuesta y luego le preguntó “Disculpe… ¿qué, tan grave está?”. Usted razone.
A la siguiente esquina de las mismas calles, estaba la ferretería Manrique Hermanos, con amplio y diverso surtido del ramo. Recuerdo de algunos personajes que prestaban sus servicios, como el de confianza, Manrique Bravata, Martín Hidalgo, (luego se separó para poner su propio negocio ferretero en la calle de Aldama al que nombro “El Diamante”), también laboraba Francisco “Pancho” Rodríguez, Edén Cornelio –El Chelo Edén-, Guadalupe Méndez, -Lupe el marihuano- que de esa adicción no tenía nada, ni siquiera era cervecero (este también se separó y se dedicó a la técnica de hacer copiados de llaves para cerraduras y candados, así como para abrir sin llaves a los mismos y abrir cajas fuertes). El cerrajero instaló su taller en la calle Abasolo –hoy Mina- entre 27 de Febrero y Narciso Mendoza, para ubicarlo mejor.
Después había un local amplio, donde estuvo la tienda de Salinas y Rocha, que los hermanos Manrique utilizaron para sala de exhibición de los automóviles y camiones de la Ford Motor Company; luego estaba una tienda de relojes Cantú, que vendía a plazos de pagos y utilizaba el siguiente lema: “Un minuto para comprar y un laaargo año para pagar”. Tenía de toda calidad de relojes Kelton, económicos, así como Mido, Nivada, Haste, Longines y otras marcas de prestigio.
En la planta alta de este local estaba el consultorio del ginecólogo, doctor César Calderón Vidal, recién llegado a esta ciudad, pero con mucha fe y deseos de servirle a sus paisanos, dando lo mejor de sus conocimientos.
De nuevo, en la planta baja estuvo el consultorio del otorrinolaringólogo, doctor César Portilla Rosado, originario del Estado de Veracruz y quien en esta ciudad cosechó muchos amigos por su trato; en lo profesional no fue la excepción, dentro de los padecimientos que más trataba y practicaba era de las anginas, que por lo regular practicaba cirugía.
Una vez platicando con él, me comentó que a la casa de sus padres llegaban maestros a impartirle clases de diversas disciplinas, hasta que llegó a fastidiarse cuando se presentó un maestro de piano y ya no lo aceptó. Volviendo a la rutina de su consultorio, lo fue dejando para ir metiéndose en el ramo de la construcción hasta cerrarlo para convertirse en próspero empresario de la construcción de fraccionamientos, como ejemplo “El Fraccionamiento Guadalupe”, que está junto a la Ciudad Deportiva que la gente de aquel entonces bautizó como “La Ciudad de Portilla”. Luego, pero en los años treinta, estuvo el consultorio del doctor Pedro Canabal, médico general, pero con amplios conocimientos profesionales, de un trato envidiable, que –al estilo aquel de la risa de Garrick- con el solo hecho de atender al enfermo ya sentía mejoría. Era de los doctores que no tenían signos de pesos en cada ojo.

Comentarios: vhsa_antigua@hotmail.com

Notas de la Sección
 

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Manuel Rodríguez González:
Participación social, fundamental
en conservación de medio ambiente

VILLAHERMOSA ANTIGUA
1930 – 1950
(Legado a la Actualidad)
Antonio Vidal Cruz

Ponen un hasta aquí a choferes
del servicio de transporte

CARTA ABIERTA DEL DIARIO TABASCO AL DIA
AL C. PRESIDENTE DE MEXICO,
LIC. FELIPE CALDERON HINOJOSA:
A LA OPINION PUBLICA:
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN:

Nace la agrupación “Amigos del Jinete de la Pradera”

Unen esfuerzos para
desarrollar negocios

María del Carmen Pela, candidata ciudadana a consejero electoral

Lanzan bombas molotov contra la
casa del director de Tabasco al Día

Amenaza bordo con caer;
temen perder sus casas

Arranca análisis de candidatos
a consejeros electorales; hay 79

Austeridad y racionalidad
en el gasto: Sáiz Pineda

Propone PRD ley para crear
Fideicomiso “Feria Tabasco”

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